martes, 27 de enero de 2015

Las cuatro estaciones - 17ª parte - ...y de nuevo otoño - El adiós.




LAS CUATRO ESTACIONES

17ª parte




XXVI

…y de nuevo, Otoño



El adiós


Y como todos los años, de nuevo, llego Septiembre. Septiembre no es un mes más del calendario. Septiembre tiene su personalidad propia.
Para empezar supone el final del verano y con el la llegada del colegio, de un nuevo curso, en mi caso de nuevo el colegio interno.
También supone la llegada del otoño, esa estación tan peculiar y melancólica. Pero sobre todo Septiembre marca una ruptura entre un final y un principio. Para las personas que trabajamos o que reciben enseñanza, Septiembre es el verdadero inicio del año. Fin de las vacaciones, comienzo del colegio o vuelta al trabajo, en Septiembre la vida parece volver a su cauce.
Por tanto llegó Septiembre, el verano se terminaba y comenzamos a pensar en la vuelta a colegio, ajeno a los cambios que se iban a producir los siguientes días.
Una tarde vimos a mis padres dando saltos de alegría, eufóricos, acababan de recibir la noticia que llevaban años esperando, el traslado de mi padre a Valencia. La alegría nos la contagiaron a nosotros también, no éramos conscientes de lo que a esa edad nos iba a representar.




Con urgencia se recogieron muebles, ropa….empaquetar todo, para que un camión lo trasladara a Valencia, mientras un día antes nosotros con mi madre nos trasladábamos en el autobús de línea. Se planteó un problema, que hacíamos con “Lunares”, nuestro perro, se pensó que lo mejor era dárselo a algún vecino y que el animal siguiera viviendo en un entorno natural y por supuesto mejor que en un piso en la ciudad. Cuando llegó el camión a Valencia, ante nuestra sorpresa y alegría “Lunares” venía también, según contó mi padre cuando vio que el camión marchaba y él se quedaba corrió varios kilómetros detrás del camión, por lo que tuvieron que parar y llevárselo a Valencia, un par de años más tarde murió atropellado por el tren.
Una mañana, no recuerdo exactamente el día, con mi madre subimos al autobús para trasladarnos definitivamente a Valencia. Eran las seis de la mañana, estaba el día, como para ponerse triste, triste estaba el aire, que si llovía un poco más, hubiese dado lo mismo, lo malo era que, todos respirábamos alegría.

"... al pasar el ultimo túnel, giré la cabeza para ver el poblado"


Me situé en la parte delantera junto a mi madre, en la ventanilla para intentar no marearme. Como siempre el autocar partió desde el cemento, éramos los únicos viajeros, por la ventanilla observaba, el camino de la escuela, la casa del médico, el salón, los corrales, el cuadro, los túneles…..al pasar el ultimo, giré la cabeza para ver el poblado, al fondo junto al río, lo que en aquel momento no sabía ni podía sospechar que no regresaría hasta cincuenta años después, que nunca más volvería a ver a mis amigos, a los vecinos, el cemento, el paisaje….
Y así, poco a poco, fue trascurriendo mi infancia, y así, poco a poco, mi infancia fue interrumpida, bruscamente y finalizó.
Por primera vez en mi vida, tuve la sensación como que miles de agujas se clavasen en el corazón, en aquel momento no sabía porque. 

Dicen que una despedida es necesaria para volver a rencontrarse, el problema que es que jamás volví a encontrarme con mis amigos.

Tal vez lo único que duele más que decir adiós es no haber tenido la ocasión de despedirme de ellos.
Nuestros recuerdos de ayer durarán toda una vida. Guardar los mejores, olvidar los demás.


Los recuerdos construyen un camino que llega hasta el corazón y logra que los amigos siempre los sienta uno muy cerca, aunque en realidad quedaron muy lejos.
¿Por qué solo se tarda toda una vida en decir hola, y un minuto en decir adiós?
Entonces no sabía lo que quería decir adiós. Adiós quiere decir ya no mirarse nunca, vivir entre otras gentes, reírse de otras cosas, morirse de otras penas.

Muchas veces me he preguntado, ¿Cómo habría sido mi vida si a mi padre no le hubieran trasladado?   La vida es como un camino, hay caminos largos y cortos, planos y empinados, fáciles y difíciles. En nuestra vida, atravesaremos por muchos caminos conforme vayamos viviendo.

No sabes a donde te llevará un camino hasta que empiezas a recorrerlo. No hay garantías, y a diferencia de la vida real, difícilmente podrás retornar en el tiempo y tomar otro camino distinto, tampoco se puede retroceder.

Así como en cualquier camino, existen esquinas, giros y cruces en nuestras vidas. Quizás el camino más complejo que puedas encontrar en tu vida sea una bifurcación o un cruce de caminos, en el que debes tomar la decisión de ir por alguno de los dos. El problema, es con aquellos años no era yo quién decidía, decidían mis padres y las circunstancias, en este caso laborales.
Añoro mi infancia sobre todo porque compartíamos todo, las alegrías y las penas, los juegos……con mis hermanos, los amigos, vecinos… El peor castigo y condena, era que te hicieran escribir 100 veces..."No hablaré más en clase..."



"Los tranvías"


"La plaza del Caudillo"


"El cine Rialto"


"Los jardines de los viveros"



Era el final de una etapa y el comienzo de mi vida en Valencia, comenzar de nuevo, amigos, vecinos, colegio, maestros…emprendimos el camino de una nueva vida, la gran ciudad, la Valencia de los tranvías, del olor a pan recién hecho, del Instituto Luis Vives, de las fallas, de la feria de Julio, de la plaza del Caudillo, de los cines de barrio y tres películas, el cine Aliatar, Savoy, Sur, Castilla..., del Teatro Apolo,…..
Pero esta es otra historia….




Final de la 17ª parte



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